jueves, 4 de diciembre de 2008

El inmutable cristal


Desde hace tres meses ellos se reúnen todos los sábados a las 11 de la noche. Se encuentran en el mismo lugar, el escenario no varía así como el ritual: el vino, las palabras apasionadas, la tensión, la falta de libertad de él, temeroso de ser descubierto por "la bruja" como la llama.

Sin embargo, ella se ha involucrado, siente que lo ama, tal vez sea verdad todo lo que le dice: que la ama, que saldrá de su casa un día a encontrarse con su destino, y que su destino es ella, la mujer de su vida. Parece un hombre sincero, no sería capaz de engañarla.

Desde su silla él la contempla con lujuria, ella lo hipnotiza.
La danza era algo que ella había llevado en el alma desde siempre, le gustaba lo que sentía. El tiempo antes del encuentro se perfumaba el cuerpo, ligera de ropa, delineaba sus labios, el ambiente era el suyo, la luz tenue, el aroma a incienso, el sonido de la cítara que la penetraba lentamente, sólo la música él y ella.
El espectáculo se llena de vida, ella cierra los ojos y danza, se transforma, se entrega, ritmo y vaivén en sus caderas, la poesía en el aire, poco a poco se desprende de su ajuar, se acaricia toda, explora su cuerpo, sudan sus poros, huele, duele, gime humedad, en la mirada le adivina uno a uno sus deseos, abre sus piernas, lentamente se abre paso entre sus muslos, agasaja sus labios íntimos, frota su clítoris, lame sus dedos saborea sus sales, sus aromas, palpa sus pechos, , él se abraza a su piel, el placer lo devora , muestra su erección, se toca , se siente, el momento se llena de fuego, , respiran ,laten, renacen en un gemido, un espasmo, una lagrima, un sueño. Intercambian poemas, suspiros, emoción.
Se habitan, bendicen el instante y la plenitud lograda.
Sigue la noche, se desesperan no quieren despedirse, la frustración crece.
Ella sabe que se ha metido en un juego muy peligroso, necesita algo tangible, alguien que la abrace, que la toque, le gusta entregarse sin defensas. Así conmocionada ella se acuesta cada sábado y despierta en él cada domingo envuelta en su ausencia, pensando que entre ellos existe el inmutable cristal.
Marcia